sábado, 31 de marzo de 2012

La Cuentoteca II


La mayoría nos pasábamos las horas embobados escuchando cuentos populares en esas cintas de cassette con un sonido de motor, suave pero persistente. Y ahora nos creemos que los niños se aburren si no están pegados a un videojuego.

Sin embargo, es sorprendente cómo estos «locos bajitos» no sólo saben apreciar una buena historia, sino que extraen conclusiones y moralejas que a los adultos no nos resultan tan obvias, visto lo visto últimamente.

Esta segunda entrega da La Cuentoteca nos trae El traje nuevo del emperador (Andersen), dirigido por Ana de Lima y en las voces de alumnos de AM Estudios. Además, estrenamos cabecera gracias a Jaime Martínez, Ángel Colomé y Claudio Rodríguez.

Ya no está el ruido del motorcillo que hacía girar la cinta magnética o, al menos, no lo oímos. Pero si conseguís disfrutarlo tan solo una pequeña parte de lo que lo hemos hecho nosotros durante el proceso de creación, podéis estar seguros de que os divertiréis bastante.

Este es el enlace.


jueves, 1 de marzo de 2012

Precio y valor no son sinónimos

Quizás, los acontecimientos históricos que han ido contribuyendo a su magnificencia no hayan sido siempre positivos. Seguramente, el coste económico y su consecuente gasto humano, a lo largo del tiempo, hayan sido tremendos. Y ni que decirte tiene que habrán existido demasiados que, aprovechando la coyuntura, se hayan beneficiado de forma ilegítima de su presencia y sistema.

Sin embargo, ahí permanece, tras guerras, celebraciones, revueltas y años… guardando los tesoros en palabras que se produjeron antes y todos los que se han ido produciendo posteriormente.

El 1 de marzo de 1712, abría sus puertas al público la Biblioteca Nacional de España, aunque no pasaría a llamarse así hasta 1836. De este modo, podría decirse que hoy se cumple su tercer centenario. Y, tras esos trescientos años de recolección y pérdidas, esta institución cuenta con un fondo de más de 28 millones de publicaciones generadas en este país, entre libros, partituras, revistas, grabados, mapas, folletos, cromos, etc.




El edificio de su sede, construido sobre el terreno de un antiguo convento, suele resultar atractivo, pero las historias que atesora en su interior, definitivamente, cautivan.

martes, 21 de febrero de 2012

Al menos, inténtalo



“Life can be wildly tragic at times, and I've had my share. But whatever happens to you, you have to keep a slightly comic attitude. In the final analysis, you have got not to forget to laugh.”



«A veces, la vida puede ser bastante trágica, y yo he tenido mi parte. Pero, ante cualquier cosa que te suceda, has de mantener una actitud ligeramente cómica. A fin de cuentas, has de lograr no olvidarte de reír.»

domingo, 22 de enero de 2012

Ganas...

A veces, hablar sobre libros o historias que se tienen tan interiorizados es complejo. Es difícil mantener un tono analítico y no dejarse arrastrar por la pasión que nos producen. Y eso es, casualmente, lo que le sucede a la protagonista de esta novela.

En 1847, Emily Brontë publicaba —bajo un pseudónimo masculino— Cumbres borrascosas. Y, como ya sucedía en la entrada sobre Jane Eyre, quien no haya leído la novela que se detenga aquí y vaya a ponerle remedio, cuanto antes. Porque esto no va a ser una sinopsis sobre el argumento, sino que serán tres o cuatro pinceladas, intentando esbozar uno de los muchos dibujos que guarda esta obra.

La voz de la señora Dean —el ama de llaves— nos mantiene postrados junto al convaleciente señor Lockwood —inquilino de la casa—, escuchando la historia de la familia Earnshow. Y, con él, experimentamos el miedo por esos sucesos extraños, esas percepciones espectrales a altas horas de la noche, en una vieja casona, donde la figura de poder es un hombre sombrío y cruel. De ese modo, tenemos servido el elemento gótico, una vez más. Pero, en esta ocasión, la atemorizada no es una jovencita inocente, sino un visitante herido... que no puede huir.

Y no puede hacerlo porque están en medio de los páramos, esos en los que una Emily niña corría y jugaba con sus hermanos, esos que se convertían en fuente de libertad de una infancia solitaria y aislada del resto, por la posición social que ocupaban como hijos del diácono. Perdidos en el vacío de no pertenecer, como Heathcliff o la propia Jane Eyre, dentro de una sociedad que ahogaba con sus convencionalismos.

Sin embargo, mientras Jane —la chica con apellido que suena a aire— perdonaba y buscaba el sacrificio personal a favor de los demás, Heathcliff quiso venganza. Volvió, pero no traía redención, sino castigo. Fue más terrenal, fue el brezo y los precipicios de esta historia, ya lo dice su nombre.

Y ese es otro juego más de la autora, los nombres. Porque no es gratuito que lo exótico, lo sensual, lo salvaje, la pasión prohibida que tienta a Catherine tenga por único nombre la unión de ambos elementos. No, como tampoco lo es que la familia de insulsos, pusilánimes y clasistas sean los Linton, ni que el rastrero y vicioso hermano sea Hindley, ni que los Earnshow sean la poderosa familia que acoge al mendigo y luego lo humilla por serlo. Mendigo del que, como sucede con Adèle en Jane Eyre, no termina de aclararse ni la procedencia ni la paternidad. Una vez más, cuestión de sangre.

Sangre que queda purificada de la manifiesta crueldad de Heathcliff, en el momento en que la joven Cathy se casaba con el salvaje y analfabeto Hareton, a quien éste hizo a su imagen y semejanza... cuando aún creía. O no, siempre quedará esa duda, porque si algo se extiende a lo largo de toda la historia son las ganas.

domingo, 15 de enero de 2012

Pausa

De vez en cuando hay que hacer
una pausa

contemplarse a sí mismo
sin la fruición cotidiana

examinar el pasado
rubro por rubro
etapa por etapa
baldosa por baldosa

y no llorarse las mentiras
sino cantarse las verdades.

miércoles, 4 de enero de 2012

SS. MM. RR. MM.

Queridos Reyes Magos:


Este año, ni nos hemos portado mejor ni peor que otros... ya saben que somos buena gente. Aunque, si se trata de sincerarse, podríamos decir que podríamos haber sido mejores, pero también peores. Lo que sí podemos asegurar es que, al menos, lo intentamos.

Conscientes de ello, lo que les vamos a pedir no es algo exclusivo para nosotros, sino con el deseo de que llegue a todas las personas que, durante los pasados doce meses, también pusieron de su parte y lo intentaron, independientemente de si lo lograron o no.

Si, al final, deciden concedérnoslo es algo que dejamos a su criterio, puesto que por algo los llaman sabios en algunos idiomas.

La petición es la siguiente: oportunidades. Si nos ayudan a verlas, también sería de agradecer. Pero del resto nos encargaremos nosotros. A cambio, nos comprometemos a esforzarnos hasta un poco más lejos de lo que nos permitan nuestras fuerzas, a seguir luchando sin rendirnos por muy grande que sea el monstruo, a disfrutarlas como mejor sepamos, a compartirlas con aquellos que se hacen un hueco especial en nuestras vidas, a ofrecérselas a los demás sabiendo que ellos también las merecen y a volverles a escribir el año que viene con las mismas ganas e ilusión que éste.

Muchas gracias por anticipado y que tengan buen viaje.


Sin elipse, nuestra estrella va hacia arriba.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Un desafío, si queréis.


Por si acaso mañana, con el jaleo que se organiza aquí abajo —por aquello de las campanadas—, no hubiera opción de enviaros un mensaje para el año que entra, aquí va el nuestro.

Ni balances ni buenos deseos, como muchos habéis colgado en entradas —muy entrañables— de vuestros blogs. Pero tampoco quejas por cómo podría haber sido y no fue. No... esta vez, es una orden, una exigencia... un reto.

Disfrutad cuanto podáis, de la manera en que más os llene, y exprimid hasta la última gota de este año que llega.

Pobre 2012, ¡no sabe la que le espera!

Lo fácil hubiera sido la foto de la Puerta del Sol, ¿no?

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